Libertad

El activo que ningún trust puede guardar

Un trust protege tu dinero; un segundo pasaporte te protege a ti, y casi nadie lo entiende así. Lo escribe Enis Sljivo en IMI Daily y tiene razón: cada vez que alguien pide una segunda nacionalidad dice que la quiere para proteger sus activos, y esa respuesta, además de ser la más común, es la equivocada. Una estructura puede separar la propiedad legal de la propiedad efectiva, meter un inmueble dentro de una sociedad y cambiar la ley que lo gobierna. Lo que no puede hacer es darte otro país donde tengas derecho a vivir.

El problema de fondo es la concentración. Un inversor reparte su dinero entre acciones, monedas, bancos y custodios porque sabe que apostarlo todo a una carta es una tontería. Sin embargo, el mismo tipo tiene su empresa, su cartera, sus cuentas, sus propiedades, su testamento y su pasaporte dentro del mismo sistema legal. Ninguna pieza está mal por separado. El fallo es que todas se mueven juntas, y basta un cambio de gobierno, un tribunal o una ley de inmigración para que el golpe llegue a cada rincón de su vida a la vez.

Sljivo insiste en algo que conviene repetir: ciudadanía, residencia, residencia fiscal y domicilio son cuatro cosas distintas, y confundirlas es el origen de casi todos los planes mal hechos. Se puede ser ciudadano de un país, residente fiscal de otro y vivir con un permiso en un tercero, y cambiar uno de esos estatus no cambia los demás por arte de magia. Un permiso de residencia se puede cancelar, encarecer o llenar de condiciones nuevas; la nacionalidad, una vez concedida, aguanta bastante más.

También hay que decirlo al revés, porque vender pasaportes como si fueran seguros es una estafa elegante. Un segundo pasaporte no impide que un acreedor te persiga, no te libra de impuestos por sí solo y puede traerte obligaciones molestas: países que cobran a sus ciudadanos por rentas ganadas en cualquier parte del mundo, servicio militar, restricciones a la doble nacionalidad o bancos que te miran raro al abrir una cuenta. La ciudadanía por inversión compra una ruta, no una armadura.

La pregunta útil no es cuántos pasaportes tienes, sino para qué sirve cada uno. Si no puedes explicar en una frase qué hace cada país en tu estructura, no tienes una estructura: tienes una colección. Y las colecciones se ven muy bien hasta el día en que hay que usarlas.