Pasó todos los controles y quería estrellar el avión
El copiloto del vuelo FZ1073 de flydubai, un omaní de 29 años, planeaba estrellar el avión contra la terminal de pasajeros del aeropuerto Ben Gurion, en Tel Aviv. Lo anunció este viernes el fiscal general de Emiratos Árabes Unidos y el caso tiene ecos del 11 de septiembre.
El aparato cubría la ruta Dubái-Tel Aviv el 30 de septiembre y terminó desviado a Arabia Saudí. Según la investigación, el sospechoso, identificado como Hamam al Hammami, asaltó al capitán en pleno vuelo con la intención de tomar los mandos y lanzar un ataque suicida. Declaró haber actuado solo.
Lo que debería helarle la sangre a cualquiera es cómo llegó hasta ahí. El informe dice que el sujeto empezó a radicalizarse en 2017, que eligió la carrera de piloto justamente para ejecutar el atentado y que cumplió con todos los requisitos de seguridad: licencia de vuelo, certificado de buena conducta y los controles obligatorios. Todo en regla.
Ahí está el problema de fondo. Un sistema que revisa papeles y entrevista a un tipo que llevaba casi una década esperando el momento no sirvió para nada. La burocracia de la seguridad aérea vuelve a demostrar que verifica el papeleo y no las intenciones.
Los investigadores siguen buscando cómplices y revisando qué falló. La respuesta, casi seguro, será pedir más formularios. Como si algún formulario hubiera detenido a un terrorista que se preparó durante nueve años para estrellar un avión lleno de gente.

