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Corea del Norte contesta a la oferta de diálogo con misiles

Corea del Norte disparó unos diez misiles balísticos de corto alcance desde la zona de Wonsan hacia el mar del Este, alrededor de las 12:30 del mediodía local. El Estado Mayor Conjunto surcoreano confirmó los lanzamientos y calculó que los proyectiles volaron unos 250 kilómetros. Japón detectó también el lanzamiento y precisó que cayó fuera de su zona económica exclusiva, sin daños en su territorio.

El gesto tiene destinatario claro. Hace una semana Seúl propuso conversaciones militares para resolver las diferencias sobre la demarcación de la frontera, después de que una mina terrestre hiriera a tres soldados surcoreanos el 21 de septiembre en la zona desmilitarizada. Pyongyang respondió con la artillería, que en su idioma diplomático significa que no tiene ninguna gana de sentarse a hablar.

Los analistas apuntan a que pudo tratarse del lanzador múltiple KN-25 de 600 milímetros, ese que el régimen dice poder cargar con ojivas nucleares tácticas, o incluso de una salva mixta con drones y artillería menor. Corea del Norte ya había disparado el 12 de octubre y lleva más de diez ensayos este año. La novedad no es el misil, es la frecuencia con la que lo lanza.

El trasfondo es la fecha límite de fin de mes que puso el régimen para reactivar los altavoces de propaganda en la frontera, esos que llevan décadas lanzando consignas de un lado al otro. Kim Jong Un monta el espectáculo, el Sur responde con comunicados, Estados Unidos y Japón comparten información y todos fingen que esto es gravísimo. Es el mismo teatro desde hace setenta años, solo que cada función se lleva por delante a alguien.

Nadie en Pyongyang ni en Seúl pierde el sueño por los soldados de la línea. La península lleva tanto tiempo al borde del abismo que el abismo ya es el paisaje, y los misiles seguirán saliendo del mismo sitio mientras a las dos dinastías les siga sirviendo el ruido.