Lula y De La Espriella se dan la mano
Ninguna diferencia ideológica está por encima del respeto mutuo. Lula da Silva le contestó así a Abelardo De La Espriella el lunes 26 de octubre, un día después de que el presidente colombiano lo felicitara por la reelección con un mensaje que dejó a medio continente mirando dos veces.
De La Espriella no se anduvo con vueltas. Recordó que Lula apoyó abiertamente a Iván Cepeda en la campaña colombiana y ganó él, y que después él apoyó a Bolsonaro en la brasileña y ganó Lula. “Ni Lula decide por los colombianos ni yo decido por los brasileños. Decide la gente”, escribió. En un continente donde saludar al rival ya se considera traición, el párrafo suena a ciencia ficción.
Lula respondió con la agenda de siempre: desarrollo sostenible, combate al crimen organizado e integración económica. “Seguimos adelante”, cerró. Ninguna concesión, ningún abrazo, ninguna foto. Solo la constatación de que Brasil y Colombia se necesitan en la frontera, que es donde el crimen organizado no distingue entre gobiernos de izquierda y de derecha.
El detalle que conviene no perder: De La Espriella ganó con una campaña de demolición contra el petrismo, y su primer gesto internacional fue reconocer sin condiciones una victoria de Lula que muchos en la oposición brasileña todavía discuten. Eso se llama aceptar el resultado aunque no te guste, una costumbre en extinción en ambos lados del espectro.
Nada de esto convierte a ninguno de los dos en demócrata ejemplar. Lula gobierna con un Congreso hostil y una economía que hace agua. De La Espriella heredó un país partido y una guerrilla que no se rinde. Pero el intercambio de mensajes deja una cosa clara: se puede discrepar de todo y seguir hablando.
Es un estándar tan bajo que da vergüenza aplaudirlo. Y aun así, con lo que se ve en la región, es lo mejor que ha pasado esta semana.

