Anatolii perdió 25 kilos en manos rusas
Anatolii perdió 25 kilos en tres meses de cautiverio ruso, después de sobrevivir al asedio de Mariupol y a que le amputaran una pierna en un búnker de Azovstal. Cuatro años y medio después sigue contando su historia por una razón muy concreta: sus compañeros siguen presos.
Volvió a Kyiv el mismo día en que empezó la guerra a gran escala. Pensaba que habría que defender la capital, y de ahí pasó a la Tercera Brigada de Asalto, una de las unidades más duras del ejército ucraniano, formada en buena parte por veteranos del batallón Azov. Cuando a finales de marzo empezaron a buscar voluntarios para Mariupol, nadie les explicó a qué iban. Solo les dijeron que había una oportunidad de ayudar a los suyos.
La misión era clasificada y se hizo por helicóptero. Tuvieron que atravesar las líneas rusas hasta la acería de Azovstal, donde resistían los defensores de la ciudad contra toda probabilidad. Allí, en un búnker, le amputaron la pierna. La guarnición aguantó hasta mediados de mayo de 2022, cuando depuso las armas siguiendo la orden de Zelenski para salvar vidas. Anatolii acabó en manos rusas.
En cautiverio se presentaban el Comité de Investigación primero y el FSB después, siempre con la misma conversación. Le decían que lo liberarían pronto, que en cuanto acordaran un buen precio lo entregarían sin más. Se preparó mentalmente para pasar al menos un año encerrado y adelgazó 25 kilos en tres meses. Hoy trabaja como embajador de Heart of Azovstal, la iniciativa que sostiene a los defensores de la acería y a sus familias, y ayuda a quienes acaban de volver a adaptarse a la vida fuera.
Su mensaje es un reproche a todas las cancillerías que llevan dos años hablando de Ucrania en cada cumbre. A los defensores de Mariupol les prometieron cuatro meses de cautiverio como máximo. Van por el quinto año. Rusia les pone un precio alto en los intercambios de prisioneros, y hasta el boxeador Oleksandr Usyk ha tenido que pedir públicamente su liberación. Mientras los políticos occidentales discuten cómo repartirse el mérito de una paz que no llega, hay miles de hombres en una cárcel rusa esperando que alguien se acuerde de ellos. La geopolítica se hace con nombres y apellidos, no con comunicados.

