Argentina le pone precio al pasaporte
Argentina anunció el 2 de octubre dos vías para comprar la residencia: un aporte no reembolsable de 350.000 dólares al Tesoro o un bono de 800.000. Lo contó el gobierno de Milei en plena Argentina Week de París, con Luis Caputo poniendo los números. El país quiere entrar al negocio de la ciudadanía por inversión y ya hay agencias promocionando el producto antes de que existan los formularios.
El detalle que importa no es el monto, es la letra chica. Esos 350.000 dólares no se devuelven. No son un depósito ni un fondo que recuperás si te arrepentís: se los queda el Estado, pase lo que pase. El que ponga el bono de 800.000 quizá vea algo al final, pero mientras espera está financiando la caja del Tesoro. Nicolas Laurin lo calculó sin anestesia: financiado, el bono sale más caro que el aporte.
Después está el calendario, que es donde el negocio se parece a una lotería. El Decreto 524/2025 le da a Migraciones 30 días hábiles para decidir una vez que tiene el informe terminado, pero eso no significa que tu trámite dure un mes. Es solo el plazo para la firma final. Cuándo entrás, a quién le pagás y qué pasa con tu plata si te rechazan son preguntas que el gobierno todavía no contestó.
Encima el programa arrastra un problema constitucional que ya llegó a la Corte Suprema. Los casos Volosh y Yang Liping pusieron en duda el régimen de naturalización y nadie sabe cuánto tardará en resolverse. Si compraste pasaporte y después cambia la base legal, buena suerte reclamando.
El atractivo es obvio. Argentina es un país del G20, con economía grande y pasaporte decente, no una islita del Caribe vendiendo ciudadanías a domicilio. Pero esa misma seriedad es la que hace ruido: un país que necesita dólares a cualquier precio termina tratando la nacionalidad como un producto financiero. Los agentes se pelean por venderlo primero y el argentino que nació ahí sigue esperando turno en una ventanilla.

