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Trump promete petróleo en una isla que no controla

“Nuestra nueva y hermosa Groenlandia”. Así llamó Donald Trump a un territorio que es danés y se gobierna solo, en un mensaje de madrugada en Truth Social donde anunció que va a empezar una exploración “masiva” de petróleo, gas y minerales. No dio un solo detalle de cuál, dónde o con quién.

La propia agencia AP tuvo que recordarlo: Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca, no una parte de Estados Unidos. Y el acuerdo que Trump firmó hace un mes con los gobiernos danés y groenlandés no concede derecho alguno de exploración, solo refuerza la presencia militar y pone límites a las inversiones de países que no están en la OTAN. Trump anunció el estreno. Lo que no dijo fue qué se estrena.

El contexto ayuda a entender el mensaje. Llega después de un acto de campaña en Alaska para apoyar al senador Dan Sullivan, con las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina y con los precios de la energía subiendo por la guerra en Irán. Prometer petróleo es más fácil que abaratar el que ya hay.

Sobre el terreno, la realidad es tozuda. Las explotaciones en Groenlandia llevan décadas atascadas por el clima brutal, la falta de infraestructura y una geología complicada. Las tierras raras están encerradas en roca y el crudo está bajo el hielo ártico. Lo único firme es la base de Pituffik, con unos 200 soldados donde antes hubo miles repartidos en 17 instalaciones. El resto es entusiasmo.

Un anuncio no es un yacimiento. Y “nuestra” es una palabra que a Washington le sale gratis cuando habla de un país que no le pertenece.