Argentina vende pasaportes a 350.000 dólares
350.000 dólares por la donación y 800.000 por los bonos. Ese es el precio que Argentina puso la semana pasada a su nuevo programa de ciudadanía por inversión, anunciado por el ministro de Economía, Luis Caputo. El país entra así al club de los que venden el pasaporte, un club donde ya hay playas caribeñas más baratas y Turquía cobrando más. Un intermediario del sector lo resumió en una frase: el precio está bien puesto.
Pero ojo con la letra pequeña. El programa todavía no existe. No hay fecha de lanzamiento, no hay proceso definido, no hay lista de países vetados y no hay certeza de que sobreviva a los desafíos legales que ya tiene encima. De momento hay un precio y una foto de Milei.
El problema de verdad es otro. La ciudadanía argentina no se puede renunciar. Una vez que la tienes, es tuya para siempre, y con ella te llega la posibilidad de que algún día ese Estado decida cobrarte impuestos por ser ciudadano, vivas donde vivas. Países como Estados Unidos ya lo hacen. Que Argentina no pueda aplicarlo hoy no significa que no lo intente mañana, y de Argentina lo único predecible es que es impredecible.
Aquí está la trampa de fondo. Un pasaporte no es un contrato con el país que te lo da. Es un contrato con un gobierno concreto, y los gobiernos cambian cada cuatro años. Comprar ciudadanía al precio de hoy es apostar a que el próximo presidente respete lo que firmó el anterior. Eso, en cualquier país del mundo, es fe, no cálculo.
Los que esperan al programa perfecto terminan sin nada. Mientras unos firman trusts y seguros de vida para diversificar su riesgo, siguen todos bajo un solo pasaporte, que es justo lo contrario de diversificar. Los que ya tienen una segunda nacionalidad, en cambio, duermen mejor y no se arrepienten.
Pagar 350.000 dólares por un pasaporte es caro o barato según lo que uno tenga que huir. Lo que nadie debería olvidar es que el Estado que hoy te vende la salida es el mismo que mañana puede cerrártela. La libertad no se compra. Como mucho, se alquila, y siempre con cláusula de revisión.

