Libertad

El pasaporte no te salva del fisco nigeriano

Nigeria empezó a cobrar impuestos sobre la renta mundial el 1 de enero de 2026. Traducido: si Hacienda nigeriana te considera residente, paga lo que ganes en cualquier parte del planeta, aunque el dinero nunca toque una cuenta local. El negocio de los segundos pasaportes acaba de recibir su primer gran susto del año.

Los números que lo rodean son reveladores. En los primeros nueve meses de 2025, los nigerianos fueron la mayor nacionalidad individual entre los solicitantes del programa de ciudadanía por inversión de Granada, un 15% del total. Tres meses después de ese récord entró en vigor la ley que los alcanza por domicilio, casa permanente, residencia habitual, lazos económicos y familiares, o simplemente 183 días en el país en cualquier periodo de doce meses. Basta con que se cumpla uno solo, y el tipo marginal llega al 25%.

Ahí está la trampa que nadie explica en la publicidad. Un segundo pasaporte no cambia por sí solo la residencia fiscal de su titular. Alguien con una casa en Ikoyi, un permiso europeo y los hijos en un colegio en el extranjero puede ser residente en Nigeria bajo una regla y residente en otro país bajo otra. Los trusts entran en el mismo saco: si quien los constituyó puede revocarlos o sigue controlando los activos, su renta mundial tributa en Nigeria.

Y donde hay miedo hay negocio. La firma Immigrant Invest organiza el 15 de octubre un desayuno en el hotel The George, en Lagos, bajo el título Inversión sin fronteras. Dos horas y media de movilidad global, residencia, ciudadanía y planificación sucesoria para asesores de clientes con mucho patrimonio. La casa tiene sede en Malta, once oficinas, licencia en 25 jurisdicciones y presume de 10.000 clientes con una tasa de éxito del 99%.

Nada de esto es caridad. Es el mercado que crece cada vez que un Estado decide que tu dinero le pertenece por el simple hecho de haber nacido allí o de tener un sofá en el salón. Los que pueden pagarse un abogado encuentran la puerta. Los demás pagan la cuenta. El pasaporte es un papel; la residencia fiscal, una trampa.