Portugal tarda cuatro años y lo llama avance
Portugal resolvió 6.000 de las 46.000 solicitudes de golden visa que tiene atascadas. Es decir, un 13%. El ministro de la Presidencia, António Leitão Amaro, lo contó al parlamento como si fuera una buena noticia, y en el fondo lo es para un país que llevaba años vendiendo residencias a cambio de inversión sin procesar apenas ninguna.
La agencia AIMA tiene 30.000 citas biométricas agendadas, según su propio recuento. Suena a mucho hasta que se recuerda la otra cifra: la encuesta de tiempos de espera del segundo trimestre sitúa la espera media en 50,4 meses. Más de cuatro años para una tarjeta que se vende como puerta rápida a Europa.
El ministro también presumió de músculo. La plantilla pasó de 723 a 850 empleados y la agencia cerró casi por completo la cola de 445.000 regularizaciones heredadas del viejo sistema de manifestaciones de interés. Un logro, sí, aunque conviene recordar que ese atasco lo generó el propio Estado con sus reglas.
Los asesores del sector avisan de que no hay que confundir agendar con resolver. Como resume Werner Gruner, de Get Golden Visa, el cuello de botella se ha movido de las citas a la decisión final. Y la decisión depende de cuántos analistas ponga la agencia, no de cuántas citas reparta a los inversores.
El mensaje para quien piensa invertir es claro. El Estado te cobra por adelantado, te hace esperar años y después anuncia como éxito haber procesado a uno de cada siete. Ninguna empresa privada sobreviviría a semejante servicio, pero en los ministerios europeos a esto se le sigue llamando gestión impecable.

