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DoorDash se come a Instacart por 17.000 millones

DoorDash compró a su rival Instacart por 17.000 millones de dólares. La operación une a los dos mayores repartidores de comida y supermercado de Estados Unidos, siempre que los reguladores antimonopolio no se interpongan. DoorDash venía probando drones para entregar comida en California, así que las ganas de crecer no son cosa de ahora.

El matrimonio tiene antecedentes. En 2021 ya hubo conversaciones para comprar Instacart a una valoración mayor, y se cayeron porque el precio no cerraba y el fantasma de la competencia asustaba. Que ahora se firme con un número más bajo dice bastante de lo que se ha adelgazado el negocio del reparto a domicilio en cinco años.

Los movimientos los venían adelantando The Information y el Wall Street Journal, que contaron que Instacart andaba buscando comprador. También sonó Uber como posible interesado. Al final ganó el que ya estaba en la puerta, que es la forma habitual en que los grandes se comen a los medianos.

Nadie compra a su competidor para bajarle el precio al cliente. Lo compra para que quede uno menos en la foto, y con dos o tres actores en el mercado el repartidor aprieta el cinturón y el que pide la cena paga la diferencia. Es la lección que ya dieron las aerolíneas, las telecos y las farmacias.

Durante años estas plataformas quemaron dinero de inversores subvencionando entregas para hacerse con la cuota. Terminada la fiesta, se fusionan para subir el precio. El que pida una pizza un viernes por la noche pagará la cuenta, y esta vez no tendrá dónde ir.