Libertad

Turquía regala 20 años sin impuestos a los ricos

Desde el 1 de enero de 2026, quien se hace residente fiscal en Turquía no paga nada de impuestos turcos por los ingresos que gane fuera del país, y la exención dura veinte años. La ley 7582 es una de las jugadas fiscales más agresivas que ha firmado un gobierno en años, y va directa al bolsillo de quien tenga dinero y pies para moverse.

El contraste con Occidente es brutal. Reino Unido perdió unos 9.500 millonarios en 2024 y un récord de 16.500 en 2025, justo después de enterrar su régimen de no domiciliados y dejarlo en cuatro años de alivio. Italia cobra 300.000 euros al año por quince años de trato favorable, y Grecia pide 100.000 al año más una inversión de medio millón. Turquía no pide nada y da veinte años.

Para un cliente que cobra un millón de libras en dividendos, el ahorro ronda las 393.000 libras anuales que Hacienda le quitaba, casi 7,9 millones a lo largo de toda la exención. No es una deducción menor ni un truco de asesor, es dinero que cambia de país porque en un sitio lo tratan como socio y en el otro como caja registradora.

La letra pequeña existe y la exención no es automática. Hay que pedir el certificado antes de que acabe el año en que uno se instala, y quien llegó en noviembre o diciembre tiene hasta febrero. También miran atrás tres años: un sueldo o un negocio turco en ese plazo descalifica, aunque las rentas de alquiler o de acciones no cuentan. El 13 de octubre la autoridad fiscal de Estambul confirmó que empadronarse allí no descalifica a quien demuestre vida en el extranjero.

Los números ya se mueven. En septiembre los chinos compraron más viviendas en Estambul que ninguna otra nacionalidad, algo que solo había pasado una vez desde 2013. Mientras las compras extranjeras en toda Turquía caían un 4,3% en los primeros nueve meses, las de Estambul subían un 2,9%. El capital no tiene patria, solo memoria, y la memoria de un inversor es la factura de impuestos que le clavaron el año pasado.