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El PL reconoce a Lula y no se disculpa

El Partido Liberal de Brasil reconoció este lunes la victoria de Lula da Silva después de que Flávio Bolsonaro pidiera anular unas elecciones que había ganado su rival. En una carta firmada por Valdemar Costa Neto, la formación acepta el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral, aunque pide que los cuestionamientos planteados queden esclarecidos. Reconocer con la boca pequeña también es reconocer.

Los números son los que son. Lula se llevó la segunda vuelta del domingo con el 52% de los votos frente al 48% del candidato de la derecha. La noche electoral, Bolsonaro se negó a admitir la derrota y anunció que pediría la anulación de los comicios después de que el Supremo decidiera de última hora extender la jornada de votación, respondiendo a una petición del oficialismo.

El PL no ha renunciado al relato. En su comunicado sostiene que el aumento del gasto público y de los beneficios sociales antes de los comicios condicionó la contienda, y anuncia que exigirá explicaciones por los cauces institucionales. Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta, dice la nota, para justificar que el domingo pasó algo raro. Traducido: perdimos, pero fue culpa del rival.

Lo que sí conserva la derecha es músculo legislativo. El partido se aseguró 121 diputados federales, 29 senadores y seis gobernadores, una bancada que le permite bloquear buena parte de la agenda del gobierno. Flávio Bolsonaro ya anunció en un vídeo que organizará a la oposición para convertir la Cámara y el Senado en su fortaleza contra la barbarie que, según él, llega con cuatro años más de Lula. Y añadió que seguirá peleando para que la Justicia anule la candidatura del presidente por los abusos que, a su juicio, cometió.

Hay una escena que se repite en toda la región y que nadie quiere mirar de frente. La derecha gana donde puede, pierde donde no, y en vez de aceptar el resultado empieza a buscar al árbitro. Mientras tanto, el país que salga de este embrollo hereda la misma factura de siempre: más gasto social, más deuda y un Estado que promete todo y paga con lo que no tiene. Ganar elecciones en Brasil es la parte fácil. Gobernar sin romper el país es otra cosa.