Libertad

Antigua dobla el brazo ante Bruselas

Antigua y Barbuda tiene hasta el 12 de noviembre para decirle a Bruselas que cierra su programa de ciudadanía por inversión, y el primer ministro Gaston Browne ya adelantó que el gabinete se inclina por hacerlo. El país caribeño apagaría su CIP en junio de 2028 para no perder el acceso sin visado al espacio Schengen. Traducción: vende pasaportes o viaja a Europa, pero no las dos cosas.

La jugada no salió de la nada. La Comisión Europea escribió el 25 de junio a los cinco socios de la OECS con programas de ciudadanía por inversión y les dio dos opciones. Pueden seguir con el negocio y arriesgarse a quedarse fuera de Schengen, o confirmar por escrito que lo liquidan antes de junio de 2028. El Reglamento 2025/2441, en vigor desde el 30 de diciembre, considera que un programa de ciudadanía por inversión es, por sí solo, motivo suficiente para suspender la exención de visado.

Hace cuatro meses Browne descartaba el cierre en público. Ahora habla de coordinar una respuesta regional con Antigua, Dominica, Granada, San Cristóbal y Nieves y Santa Lucía, los cinco países de la OECS que viven de esto. El problema es que los acuerdos de visado son bilaterales, y si los primeros ministros no se ponen de acuerdo esta semana, cada uno decidirá por su cuenta. Unos entrarán en razón antes que otros, y los inversores lo notarán.

Los intermediarios del sector lo llaman un momento decisivo. Christopher Willis, de Latitude Group, avisa de que cualquier suspensión tiene que ser coordinada, porque si un solo país se sale del guion la armonización regional se va al suelo. Su otro miedo es más prosaico: qué pasa con los expedientes que ya están en tramitación. Hay gente que pagó cientos de miles de dólares y ahora no sabe si su solicitud termina en un pasaporte o en un cajón.

Bruselas no prohíbe vender nacionalidad, porque técnicamente no puede. Hace algo más elegante: deja que el mercado se muera solo. Los ciudadanos ricos que compraban un pasaporte de conveniencia descubren que ese pasaporte ya no les lleva a París sin hacer cola. Cuando el producto deja de valer, el negocio se apaga. Eso sí, conviene recordar que la misma Europa que ahora se escandaliza lleva años vendiendo su propia residencia a precio de catálogo con la etiqueta de golden visa.