Londres presume y sus bancos cierran la puerta
10.092 quejas en 90 días. Entre mayo y agosto, casi diez mil británicos usaron una herramienta de la asociación Stand With Crypto para denunciar las trabas que sus bancos les ponen a la hora de comprar criptomonedas. Llegaron quejas desde las 650 circunscripciones parlamentarias del Reino Unido, enviadas por 9.800 personas. No es un fenómeno de nicho: es un muro levantado en medio de todo el país.
El asunto revela la contradicción de fondo. El gobierno británico lleva desde 2023 diciendo que quiere convertir Londres en un centro mundial de criptoactivos. El año pasado el propio Tesoro lo repitió y la FCA trabaja en un régimen regulatorio pensado para atraer empresas del sector. Pero mientras el Estado tiende la alfombra, los bancos cierran la puerta. Prohibiciones generales, límites rígidos y políticas opacas que dejan al cliente fuera incluso de las plataformas registradas.
Lloyds, con Halifax y Bank of Scotland dentro, se llevó 2.297 quejas, el 23% del total. Barclays sumó 1.569 y NatWest 1.278. Katie Harries, responsable de política europea de Coinbase, lo resumió sin adornos: un país no puede invitar a los innovadores y a la vez permitir que los bancos dejen a los consumidores afuera. Coinbase está registrada ante la FCA y aun así sufre las mismas restricciones generales que todo el sector.
Aquí está la trampa de fondo. Los bancos no son héroes ni villanos: son el brazo privado de un Estado que dice una cosa en los discursos y hace otra en la práctica. Si el regulador obliga a una entidad a bloquear operaciones legales, el responsable no es el banco. Es quien firma la norma y luego se hace el sorprendido cuando nadie puede mover su dinero.
El Reino Unido quiere el dinero de las cripto sin soltar el control sobre cómo se mueve. Eso no es una política, es un deseo. Y los diez mil quejosos son la factura que ya se está pagando.

