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Meta aplaza el contrato que se lo come todo

Meta movió la fecha del 30 de octubre al 20 de noviembre. Las nuevas condiciones comerciales de la empresa, que le daban derecho a rastrear las páginas y los dominios de cualquier cuenta de negocio para desarrollar, mejorar, investigar y entrenar sus productos, ya no entran en vigor cuando iban a entrar. Un portavoz explicó que necesitan más tiempo para explicar a sus socios qué cambia y qué no. Traducción: los pillaron con las manos en el techo ajeno y ahora buscan cómo contarlo.

El texto original decía, con esas palabras, que Meta podría usar rastreadores automatizados para acceder, indexar, cachear, analizar, recolectar, recuperar o rastrear los dominios de sus clientes. Después del aluvión de quejas la empresa borró la referencia al entrenamiento de inteligencia artificial, como quien quita la palabra incómoda y deja el párrafo completo. Periódicos y anunciantes no se lo creyeron.

La News Media Alliance, que agrupa a miles de medios de Estados Unidos y Canadá, exigió por carta que retirara esas condiciones antes de la fecha límite. Su argumento es simple: los editores quedarían obligados a regalar su periodismo para alimentar productos que después les compiten por lectores y por publicidad, sin cobrar nada. Varios afectados ya llevaron la queja a las autoridades de competencia.

Como gesto de buena voluntad, Meta dice que explicará cómo usa sus rastreadores y que los dueños de contenido podrán marcar sus preferencias con el archivo robots.txt. El detalle es que Reuters ya documentó que varios rastreadores de empresas de inteligencia artificial se pasan ese archivo por el arco del triunfo.

El patrón se repite cada vez que se discuten las reglas del juego digital. Primero la empresa escribe la norma a su favor, después la comunidad protesta, luego se recorta una palabra y al final un archivo de texto se convierte en la única defensa de quien publica. Si su contenido vale algo, no espere a que una multinacional le avise por correo de que ya es suyo.