Compras un pasaporte y te lo pueden quitar
6.134 ciudadanías canceladas en un solo anuncio. Turquía publicó el 4 de agosto la mayor purga de pasaportes por inversión que se recuerde, y en septiembre sumó 1.070 más con 1.757 casos en trámite. La mayoría perdió la nacionalidad por fraude: 1.150 inversores compraron propiedades con precios inflados o documentos irregulares, y al contar cónyuges e hijos la cifra llegó a 5.391. El ministro de Justicia calculó en unos 52,6 millones de dólares el dinero que debía haber entrado al país y nunca entró.
Lo interesante del caso turco no es el fraude, que siempre existe, sino el segundo grupo. La policía y los servicios de inteligencia marcaron a 263 inversores por orden público y seguridad nacional después de haberles dado la nacionalidad, sin ninguna acusación de fraude contra ellos. Como resultado, 743 personas dejaron de ser turcas por una decisión administrativa. Es el recordatorio de que un pasaporte comprado no es un contrato, es un permiso.
El informe repasa doce programas de inversión extranjera y los ordena por lo que el Estado ha hecho de verdad, no por lo que promete su ley. Chipre, que cerró su programa en 2020, ha retirado la ciudadanía a 360 personas, y una investigación judicial encontró que el 53% de las 6.779 que concedió entre 2007 y agosto de 2020 no cumplía los requisitos. Su ley permite quitarla a quien simplemente esté buscado por Europol o Interpol, sin necesidad de condena, y no devuelve ni un euro.
En el Caribe el patrón es más selectivo, pero la letra pequeña es peor. Dominica publicó en 2024 una orden que despojó de la nacionalidad a 68 personas, y su reglamento establece que basta una condena de doce meses en cualquier país del mundo para perderla, mientras sus vecinos exigen cinco años. San Cristóbal y Nieves retiró trece ciudadanías y su ley contiene una cláusula que dice que las decisiones del ministro no se pueden apelar en ningún tribunal. Malta, en cambio, exige condena firme de doce meses dentro de los siete años siguientes a la naturalización, y ahí está la diferencia entre un país con reglas y un país con ocurrencias.
La lección está antes del folleto. Quien paga por un segundo pasaporte debería leer primero la sección sobre privación de nacionalidad, que suele ocupar una página, y comprobar después si ese país la ha usado alguna vez. Si un agente ofrece un descuento sobre el mínimo legal, ese descuento es la prueba que le van a usar en su contra más tarde. Nada cuesta menos que hacer las cosas bien, y nada sale más caro que un pasaporte comprado con la letra pequeña sin leer.

