Curitiba: tres horas de terror en un colegio
Un hombre armado con un cuchillo tomó como rehenes a una veintena de niños en una escuela de Curitiba, al sur de Brasil, y los mantuvo encerrados casi tres horas este viernes. La policía cercó la zona, movilizó al batallón de operaciones especiales y llevó negociadores. Al final el sospechoso fue abatido y rescataron a 13 menores, según el balance que las autoridades soltaron tras el operativo.
El capitán João Roberto Galeto confirmó que el individuo se atrincheró en una sala con los chicos. La Secretaría Municipal de Educación emitió entretanto el comunicado de manual: que seguía la situación desde el principio y que tenía funcionarios preparados para atender a los niños y a las familias. La prioridad absoluta, decían, era preservar la vida.
Suena bien hasta que uno se pregunta qué mecanismo concreto evita que alguien entre con un cuchillo en un colegio. Brasil lleva años discutiendo leyes de armas, protocolos y presupuestos para la seguridad escolar, y el resultado es este viernes en Curitiba. Los discursos se escriben rápido; las puertas blindadas y los botones de pánico, no.
Ninguna norma redactada en Brasilia detuvo al agresor. Lo detuvo un operativo que llegó después, con los niños ya dentro de la sala. Eso no es política pública, es reacción, y la reacción por definición siempre llega tarde.
La moraleja es incómoda: mientras el Estado discute competencias y partidas presupuestarias, lo único que funcionó fue el despliegue que se activó cuando el daño ya estaba en marcha. Padres que rezan y funcionarios que emiten comunicados. Ese es el país que hay, no el que aparece en los folletos.

