Andorra y San Marino entran al mercado único
Andorra y San Marino firmaron el 19 de octubre su entrada al mercado único europeo sin convertirse en miembros de la Unión. El acuerdo de asociación, de 2.460 páginas, les da libre circulación de mercancías, servicios, capital y personas. Once años de negociaciones para llegar aquí: las conversaciones arrancaron en marzo de 2015.
Lo interesante está en lo que el texto no toca. Andorra declara en un anexo que “la fiscalidad no entra dentro del ámbito de este acuerdo”, y San Marino mantiene igual sus regímenes para nuevos residentes. Los dos microestados siguen fuera de la UE, siguen fuera de Schengen, usan el euro bajo acuerdo monetario y no meten ni un euro en el presupuesto comunitario. Acceso al mercado, sí. Factura política, no.
El precio se paga en soberanía regulatoria y en cupos migratorios. Los andorranos y sanmarineses podrán vivir y trabajar en la UE, pero los europeos que quieran instalarse en Andorra pasarán por un sistema de cuotas con control de antecedentes penales, incluido un contingente para temporeros de menos de doce meses. A cambio, ambos países adoptan las reglas del mercado único y las seguirán adoptando mientras cambien. Eso es legislación ajena que entra en casa sin que nadie la vote.
El tratado tampoco está en vigor todavía. Va al Parlamento Europeo, cuya votación orientativa está fechada para el 18 de enero de 2027, y en Andorra pasa por referéndum antes de que su parlamento se pronuncie. San Marino podría aplicar partes del acuerdo antes que Andorra, porque los dos países corren a ritmos distintos.
Para quien busca residencia fiscal tranquila, el mensaje es doble. Los dos países conservan su autonomía tributaria, que era la joya de la corona. Pero quedan enganchados al carrito regulatorio de Bruselas sin sillón ni voto. Ganar acceso y perder independencia a la vez tiene un nombre más honesto: dejar de ser dueño de tus propias reglas.

