Macron cierra el Louvre y pide calma
Un tiroteo en dos localidades al suroeste de París dejó un muerto y varios heridos, entre ellos una niña de doce años que recibió ocho impactos, según la cadena BFMTV. El ataque ocurrió el viernes en Trappes y La Verrière, en el departamento de Yvelines, a unos 25 kilómetros del centro de la capital.
El sospechoso, un hombre de 39 años identificado como Kevin T., disparó desde un vehículo en tres puntos distintos, incluido un parque infantil y una gasolinera. La fiscalía antiterrorista encontró en su coche una Sten, un subfusil de la Segunda Guerra Mundial, y una granada de gas lacrimógeno. El alcalde de Trappes habló de un “milagro” porque no hubo más muertos.
Macron calificó el ataque de terrorista y racista y dijo que marca un “punto de inflexión” en la historia de Francia, porque es la primera vez que se planifica matar a compatriotas por el color de su piel o su religión. El presidente no aclaró qué piensa hacer con ese punto de inflexión además de repetirlo en voz alta.
La respuesta del Estado ya está en marcha y consiste en lo de siempre: unos 70.000 agentes desplegados para las protestas del sábado por el coste de la vida y el estado de las escuelas. El Louvre y otros museos permanecerán cerrados. Un país con los comercios blindados y los monumentos apagados es un país que ha decidido que la calle no es un lugar para su gente.
Francia lleva años contándose a sí misma la historia de la libertad, la fraternidad y la integración, y cada temporada aparece un dato que desmiente el cuento. El problema nunca fue el discurso que falta, sino el que sobra. Mientras el Elíseo siga confundiendo el escenario con la obra, los tiros seguirán sonando fuera del teatro.

