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Google le dice no al océano de Trump

Google le dijo no a Trump por primera vez en mucho tiempo, y lo hizo por el océano Atlántico. El presidente contó en un mitin en Carolina del Sur que llamó al consejero delegado de la compañía, Sundar Pichai, para preguntarle si Google Maps podía “manejar” un nombre nuevo para el Atlántico, y que llegó a barajar entre “Trump” y “America” tanto para el Atlántico como para el Pacífico. Según su propio relato, Pichai le respondió: “Por favor, no nos pida eso”.

La excusa del jefe de Google fue que los océanos “cubren muchos países”. Detalle incómodo: el golfo de México también toca tres países y el lago Ontario toca dos, y eso no impidió que los rebautizaran. Trump dijo que “probablemente” iba a pasar del Atlántico, pero dejó flotando la idea de rebautizar el Pacífico como el “océano Americano”.

Google no llegó hasta aquí por accidente. En 2025 cambió el golfo de México por “golfo de América” para los usuarios estadounidenses siguiendo una orden ejecutiva, y en agosto hizo lo mismo con el lago Ontario, que hoy se lee como “lago América”. Apple copió las dos veces. Cuando hay exenciones arancelarias, favores regulatorios y contratos públicos sobre la mesa, las grandes tecnológicas agachan la cabeza y esperan que nadie mire.

Mientras tanto, la inflación sube, la gasolina cuesta 4,27 dólares el galón y el diésel 6,31, según la AAA. La guerra con Irán lleva 236 días aunque en marzo se prometió que se resolvería en cuatro o cinco semanas. Y las elecciones de medio mandato están a menos de dos semanas.

Nadie va a discutir que cambiarle el nombre a un mapa es un chiste. El chiste, eso sí, muestra cómo funciona el poder: la línea se traza donde ya no hay margen para regalar. Ese día un océano les pareció “diferente” no por principios, sino porque el precio de seguir cediendo ya era demasiado alto. El respeto, cuando llega, llega tarde y por cálculo, nunca por dignidad.