Hungría cobra el patrimonio a los que ya se fueron
Hungría quiere cobrar un 1% anual al patrimonio que supere los mil millones de forintos y un 1,5% al que pase de cien mil millones. El Ministerio de Finanzas publicó el borrador y la ley entra en vigor el 15 de diciembre, con la primera factura calculada sobre lo que cada uno tenga el 31 de diciembre de este año y el pago previsto para agosto de 2027. Traducido: unos 3,08 millones de dólares quedan libres y a partir de ahí el Estado mete la mano.
Pagan los residentes por su patrimonio mundial y cada cónyuge tiene su propio mínimo exento. Lo interesante es que también pagan los no residentes por inmuebles húngaros, derechos sobre ellos, participaciones en sociedades húngaras y hasta acciones de compañías extranjeras cuyos balances sean más de un 75% propiedad húngara. Entran inmuebles, participaciones, efectivo, valores, metales preciosos de inversión, criptomonedas y derechos de seguros. El arte, las colecciones y las joyas de más de tres millones de forintos por pieza también. Los coches de más de diez millones, igual.
La joya del texto está en su propio memorando: el gobierno no ha discutido la propuesta y el borrador no puede tomarse como la posición oficial del ejecutivo. O sea que el primer ministro Peter Magyar anuncia el impuesto en un vídeo de Facebook, el ministerio lo cuelga para consulta pública y después aclara por escrito que no se hagan ilusiones con lo que ellos mismos redactaron. Con un Parlamento donde su partido Tisza tiene mayoría de sobra, la aprobación se da por hecha.
Las cuentas no cuadran. El impacto oficial promete 800.000 millones de forintos en cuatro años, cuando en junio el propio Magyar hablaba de entre 300.000 y 600.000 millones al año. Esperan alcanzar a 15.000 ricos y 2.000 gestores de patrimonios, entre fundaciones privadas y estructuras extranjeras parecidas. Y el detalle que huele peor: un ciudadano húngaro sigue siendo residente fiscal diez años después de irse del país. El exilio ya no sirve para escapar del recibo.
Los que venden el asunto desde dentro admiten el problema. Csaba Magyar, consejero delegado de Crystal Worldwide Group, lo resume así: “un multimillonario sobre el papel no es necesariamente un multimillonario en efectivo”. Tasar participaciones que nadie puede vender en años es una forma elegante de asfixiar a quien genera empleo, y el Tribunal Constitucional ya anuló con efectos retroactivos la ley de 2009 que gravaba este tipo de patrimonios por la misma razón: dejaba todo el riesgo de la valoración en manos del contribuyente.
Hungría no ha inventado el impuesto al patrimonio, ha inventado la forma de cobrárselo también a quien se marchó. Y con un mínimo exento que, traducido a la vida real, alcanza a cualquier empresario mediano con un par de edificios. En Europa la riqueza sigue tratándose como un delito confesable.

