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Brasil discute el domingo quién es menos corrupto

Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro se cruzaron acusaciones de corrupción el domingo 18 en el primer cara a cara televisado antes de la segunda vuelta brasileña. Fue en la cadena Band, y el intercambio se pareció más a una pelea de vecinos que a un debate de Estado.

El detonante fue el caso de Daniel Vorcaro, antiguo dueño del Banco Master, en el centro de un escándalo financiero que ha salpicado a medio Brasil. La investigación apunta a que Flávio Bolsonaro negoció unos 134 millones de reales, unos 26 millones de dólares, para financiar una película sobre su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. Una de las hipótesis es que ese dinero también pagó la estancia de su hermano Eduardo en Estados Unidos, donde fue a pedir sanciones contra Brasil.

Lula le espetó que su hermano huyó al país del norte para conspirar y que la familia está traicionando a la patria. Flávio respondió hablando de las tres investigaciones abiertas contra el primogénito del presidente, Lulinha, por tráfico de influencias. Su Gobierno se convirtió en un mercadeo de negocios, le dijo.

En medio del rifirrafe, los dos se presentaron mutuamente como piezas del bando equivocado. Lula vinculó a su rival con Milei y con Trump. Flávio devolvió la jugada atándolo a Ortega y a Maduro. La política latinoamericana funciona así: tú eres amigo de un dictador, yo soy amigo del otro dictador, y el votante elige qué abrazo le da menos asco.

Lo llamativo es que ninguno de los dos discute las acusaciones. Discuten quién tiene las acusaciones peores. La segunda vuelta del domingo no va a decidir quién es honesto, porque en esa papeleta no hay nadie honesto. Va a decidir quién reparte el presupuesto los próximos cuatro años.