El crimen cobra más que el Estado
El crimen le cuesta a Latinoamérica el 3,44 por ciento del PIB cada año, según el Banco Interamericano de Desarrollo. Es el equivalente al 78 por ciento de todo lo que la región gasta en educación pública. Latinoamérica paga, casi con total seguridad, el precio más alto del mundo por su delincuencia organizada, y no lo digo yo: lo dice un informe del BID.
Colombia es el caso de manual. El narcotráfico generó 16.500 millones de dólares para las organizaciones criminales solo en 2024, cerca del 4,4 por ciento del PIB, más que todos los ingresos del país por exportaciones de petróleo. Y el acuerdo de paz de 2016 con las Farc no trajo el dividendo prometido: el cultivo de coca alcanzó un récord de 261.000 hectáreas en 2024. Se firmó la paz y el negocio se duplicó.
México hace lo mismo con otro nombre. Allí las bandas cobran el “derecho de piso” a quien quiera operar, y cada eslabón de la cadena paga su cuota. Los limones salen de la finca a 13 pesos el kilo y llegan al consumidor a 85. La extorsión le cuesta al país cerca del 2 por ciento del PIB anual, según el economista Luis de la Calle, y la OCDE calcula que la delincuencia le resta entre uno y dos puntos de crecimiento cada año. Un impuesto que nadie votó.
Brasil es el más sofisticado de los tres. El PCC y el Comando Vermelho ya no son pandillas territoriales: manejan distribución de combustible, minería, sector inmobiliario y hasta fondos de inversión. La Operación Carbono Oculto destapó un esquema con más de 1.000 gasolineras y empresas fantasma para blanquear dinero. El Instituto Igarapé valoró en 2025 el crimen organizado en el 10,24 por ciento del PIB brasileño, unos 250.000 millones de dólares. Los homicidios cayeron un 20 por ciento entre 2013 y 2023, pero el costo económico siguió subiendo. Menos sangre, más negocio.
La moraleja es incómoda para cualquiera que todavía confíe en el Estado. Cuando el gobierno no puede protegerte, aparece alguien que te cobra por hacerlo. En Latinoamérica ese alguien es el crimen, y lleva años pasando la cuenta puntualmente un impuesto que el fisco formal nunca podrá igualar. El verdadero ministro de Hacienda de la región no usa corbata.

