Iguazú cierra por una crecida histórica
12.000 metros cúbicos por segundo y el parque cerrado. Las lluvias en las cuencas del Paraná y el Iguazú dispararon el caudal casi diez veces por encima de lo normal y las autoridades argentinas suspendieron el acceso al Parque Nacional Iguazú antes de que el agua se llevara a alguien por delante.
La medida tiene lógica y no hay que buscarle tres pies. Con esa corriente, las pasarelas que cruzan las caídas son un trampolín y las pasarelas no perdonan. La reapertura depende de cómo evolucione el río y de que los técnicos firmen que se puede volver a caminar por ahí.
Lo interesante es lo de siempre: el turismo construido en el borde mismo del agua y luego el asombro cuando el agua sube. Es un fenómeno hidrológico extremo, dicen, como si el río hubiera cambiado de humor por sorpresa. El río hace lo que lleva haciendo milenios. Lo nuevo es la cantidad de gente y de hormigón que hemos puesto en su camino.
El parque estará cerrado unos días, la naturaleza recuperará el espacio que le pertenece y luego volverán las fotos y los selfies. Nadie va a aprender nada, pero el agua, de momento, está dando la clase. Cuando la naturaleza cobra la entrada, no hay reembolso.

