Libertad

Argentina pone su pasaporte a la venta

Latitude abrió oficina en Buenos Aires el 2 de noviembre para preparar el programa de ciudadanía por inversión que Argentina quiere poner en marcha. La firma, con base en Malta, monta en el Parque de Innovación un equipo dedicado a recibir a clientes internacionales, coordinar citas biométricas y hacer de anfitrión.

La noticia no es la oficina, es lo que anuncia. Cuando una empresa abre sede física en un país antes de que exista el programa, es que el programa está cocinado. El modelo de Latitude permite a otras firmas ofrecer la ciudadanía argentina sin soltar al cliente, quedándose ellas con la parte operativa. Un negocio discreto entre bambalinas.

Argentina se suma así a la lista de países que entienden la ciudadanía como un activo vendible. Y aquí conviene decir algo incómodo: tienen razón a medias. Un pasaporte es un contrato con el Estado, y los Estados llevan décadas subiéndote los impuestos y recortándote derechos sin preguntarte. Que alguien compre una segunda nacionalidad es, en el fondo, un acto de desconfianza. La tuya.

El negocio de la migración por inversión mueve miles de millones y crece cada vez que un gobierno sube impuestos o mete miedo a quien tiene patrimonio. Portugal, Grecia, Malta, el Caribe y ahora Argentina. Milei quiere dólares y quiere inversión, y el pasaporte es lo que tiene para vender. Mejor eso que seguir pidiéndole al FMI, aunque a algunos les raspe.

Lo que no te van a contar: el privilegio se compra, y el que no tiene un millón para invertir se queda mirando. Ese es el mundo real, no el de los discursos. Si mañana tu gobierno decide que tu libertad es negociable, más vale tener plan B. Los ricos lo llaman diversificación. El resto lo llama no poder irse.