Cinco residencias en Latinoamérica que todavía son gratis
Uruguay, República Dominicana, Guatemala, Panamá y México siguen dando residencia permanente sin exigir inversión. Son los cinco últimos programas del continente que cumplen las tres condiciones: no piden comprar nada, dan la residencia permanente desde el primer día y se mantienen sin vivir en el país.
El caso más llamativo es Uruguay. Basta con demostrar medios de vida estables y una visita cada tres años para conservar el estatus. El país es el decimoséptimo menos corrupto del mundo según Transparencia Internacional y tiene un sistema que, comparado con el resto de la región, funciona. Si mañana lanzara un visado dorado de 200.000 dólares, todo el mundo hablaría de él.
República Dominicana pide 2.000 dólares mensuales de ingresos pasivos o una pensión de 1.500, y permite pedir la ciudadanía a los dos años. Guatemala se conforma con 1.250 dólares de ingresos del exterior más 300 por cada dependiente, y ni siquiera grava la renta extranjera. Panamá mantiene su Pensionado para jubilados con 1.000 dólares de pensión vitalicia. México es el más caro: unos 7.400 dólares al mes o 298.000 en ahorros, con el problema añadido de que cada consulado interpreta las reglas a su manera.
Ninguno de estos programas se promociona en serio, y la razón es simple. Sin compra de propiedad ni suscripción a un fondo no hay comisión, así que no hay abogado ni agencia interesada en venderlo. El cliente se ahorra el margen del intermediario y el intermediario se busca otro negocio.
El riesgo es evidente: sin capital invertido, el gobierno puede cambiar las reglas y no hay nada que reclamar. Paraguay ya lo hizo y hoy exige dos etapas y actividad económica real, salvo que se pase por el Investor Pass con 200.000 dólares. La residencia gratis es un regalo mientras dura, y dura hasta que al país le conviene cobrarla.

