Libertad

Panamá vende residencia y el dinero llega solo

268 residencias por inversión en un año, un 39% más que las 193 del periodo anterior. Panamá no inventó nada nuevo: dejó de estorbar y el capital apareció por su cuenta.

Los datos son del Ministerio de Comercio e Industrias, que entre julio de 2025 y junio de 2026 certificó esas 268 solicitudes por un total de 113,6 millones de dólares, más de 23 millones por encima del año previo. El ritmo se aceleró: una media de 22 certificados al mes frente a los 16 de antes, y solo en septiembre de 2026 salieron 33, con 10,1 millones detrás. La directora nacional de inversiones, Katherine Cardoze, lo atribuye a una plataforma digital nueva que duplicó los trámites resueltos al mes.

El ladrillo se lleva el 87,3% de los certificados, un punto y medio más que el año anterior. Los depósitos a plazo firman el 7,5% y los valores, el 5,2%. En conjunto, el registro acumula 924 certificados y 444,7 millones de dólares. El billete de entrada para vivienda nueva comprada directo al promotor sigue en 300.000 dólares, aunque si el piso es de segunda mano el mínimo subió a 500.000. La residencia se concede el mismo día de la aprobación, sin fase temporal, y el balboa va clavado al dólar, así que a nadie le tiembla el tipo de cambio.

Hay letra pequeña, y conviene leerla. La residencia es inmediata, pero la ciudadanía llega a los cinco años y queda a criterio del Estado, no es automática. Panamá vende acceso, no pasaporte, y eso el inversor avispado lo sabe antes de firmar. Con todo, comparado con una Europa que sube impuestos y multiplica formularios, el mensaje se entiende sin traductor.

Nadie lanzó una campaña heroica ni un plan quinquenal. Bastó con escribir reglas claras, poner un plazo de 15 días para certificar y 30 para resolver, y dejar que el mercado hiciera el resto. El dinero no discute. Solo se muda.