Tres cohetes para no pisar la Luna
Tres cohetes, dos semanas y ni un pie en la Luna. La NASA publicó el plan definitivo de Artemis 3 y confirmó lo que muchos sospechaban: la misión que debía devolver a un humano a la superficie lunar se convirtió en un ensayo de apareamiento orbital entre tres naves de tres empresas distintas.
El espectáculo empieza con Blue Origin, que lanzará un New Glenn con una versión de prueba de su módulo Blue Moon Mark 2 a órbita baja, a unos 440 kilómetros de altura. Después sale el SLS con la cápsula Orion y cuatro astronautas a bordo: Randy Bresnik, Frank Rubio, Andre Douglas y el europeo Luca Parmitano. Orion sube a 555 kilómetros y se acopla al cacharro de Blue Origin.
La tripulación pasa un par de días comprobando que el módulo mantiene presión y atmósfera, y probando su software y sus sistemas de soporte vital. Nadie baja a ninguna parte. Después vuelven a Orion, se desacoplan y dejan el módulo aparcado para el siguiente baile.
El tercer acto es de SpaceX, que lanza una Starship versión 3 con un sistema de acople en la punta. El encuentro dura dos horas y los astronautas ni entran: solo verifican que Orion se pega y se suelta sin romperse. Luego les quedan cinco días de órbita para turismo y vuelta a casa.
El detalle que la NASA prefiere no poner en el titular es que el pad del New Glenn reventó en mayo durante una prueba de encendido y la empresa todavía no lo tiene operativo. Tampoco hay fecha. El administrador Jared Isaacman reconoció por memo interno que Artemis 3 va tres meses tarde, y eso contando con que nada más explote.
Alguien tendrá que explicar por qué hacen falta tres lanzamientos pesados para demostrar que dos naves se pueden acoplar, algo que la Unión Soviética hacía en 1969 con menos presupuesto. La respuesta es simple y no tiene nada que ver con la ciencia: cada cohete es un contrato, cada contrato es un distrito electoral y cada distrito vota. La Luna, mientras tanto, sigue esperando.

