Europa te cierra la puerta si ganas 2.000 al mes
Las visas de nómada han subido el listón hasta dejarlas fuera del alcance de quienes les dieron nombre. España pide 2.849 euros al mes desde enero, Portugal 3.680, y Grecia, Malta y Chipre rondan los 3.500. Si facturas 2.000 euros al mes, media Unión Europea te ha cerrado la puerta sin molestarse en decírtelo.
La alternativa existe, es vieja y nadie la promociona. Los permisos de trabajo por cuenta propia son anteriores a la moda del nómada y están pensados para autónomos de verdad, no para programadores con portátil. Sus exigencias de ingresos van atadas al salario mínimo o a los umbrales de asistencia, y varios se quedan muy por debajo de esos 2.000 euros.
Italia tiene el listón más bajo de Europa Occidental: 8.500 euros al año, unos 708 al mes. Suena a chollo hasta que aparece el cupo. El decreto de flujos de octubre de 2025 reservó 650 plazas para trabajadores independientes en 2026, de un total de 181.450. Las plazas se agotan en minutos los días señalados, y quien no llega espera otro año.
Portugal es más honesto: el D2 arranca en el salario mínimo, 920 euros. El precio no se paga en efectivo, se paga en libertad. Registras una actividad, cotizas al sistema y te conviertes en residente fiscal. Lo que la visa de nómada te ahorra durante un par de años, aquí lo firmas desde el primer día.
Ahí está la trampa de todo este mercado. Europa ya no vende facilidades, vende tiempo, y el tiempo se cobra en impuestos. El que quiera vivir sin rendir cuentas a Hacienda que no mire hacia Bruselas, porque el menú es corto y la cuenta, larga.

