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Meta borra la palabra pero deja el robot

Meta borró la palabra “train” de sus términos comerciales el 17 de octubre, apenas unos días después de que los editores descubrieran que el texto decía, negro sobre blanco, que la empresa podía arrastrar sus webs para “desarrollar, mejorar, investigar, entrenar y mantener” los productos de la casa. El plazo para aplicar el cambio era el 30 de octubre, y nadie en Menlo Park contaba con que alguien leyera el contrato entero.

El párrafo era una obra maestra de la ambigüedad. Autorizaba a Meta a usar scrapers, bots, robots, arañas, crawlers y agentes de usuario sobre los dominios y URLs asociados a las cuentas de empresa. O sea, sobre casi cualquier medio digital del planeta. Y el detalle fino: las instrucciones del archivo robots.txt de cada sitio quedaban, en la práctica, apartadas a un rincón. Si tenías una página de negocios en Facebook o Instagram, ya habías firmado.

Quien levantó la liebre fue el Nieman Lab, con el profesor de derecho digital de Cornell James Grimmelmann sosteniendo la lupa. Los dos leyeron lo mismo: que Meta se estaba guardando por escrito el derecho a quedarse con el contenido ajeno para alimentar sus modelos sin pagar un céntimo. La reacción fue tan rápida que el gigante reculó antes de que venciera el plazo.

Ahora el texto dice que el rastreo sirve para “proporcionar, desarrollar, mejorar, investigar y mantener productos publicitarios y comerciales”. Fuera el verbo entrenar. El portavoz Andy Stone salió a decir que esto no cambia nada, que la aclaración solo limita el alcance a los anuncios y productos de negocio, y que los crawlers de Meta siguen funcionando exactamente igual. La palabra desapareció del papel; la máquina sigue en la misma carretera.

Quien tenga una web y una cuenta de empresa debería mirárselo dos veces. Los términos los acepta cualquiera con un clic, y el que escribe las reglas es también el que tiene a los abogados. A Meta le bastó una semana de ruido para borrar una palabra sin tocar una sola línea de código.