Libertad

Argentina vende el pasaporte sin manual

350.000 dólares por un aporte al Tesoro y 800.000 por un bono del Estado. Esas son las dos puertas que Argentina abrió el 2 de octubre para comprar la ciudadanía. La primera no se devuelve. La segunda, en teoría, sí.

El problema es que nadie sabe bien las reglas. Los agentes de inmigración, que llevan meses promocionando el programa antes de que existan los formularios, todavía esperan respuestas básicas: quién puede presentar la solicitud, cuánto son las tasas completas, en qué momento hay que transferir el dinero y qué pasa con lo pagado si el trámite se cae. Venden un producto que aún no tiene etiqueta.

El decreto 524/2025 le da a la Dirección Nacional de Migraciones 30 días hábiles para decidir después de recibir el informe de la agencia. Eso no significa que el trámite dure un mes. Solo marca cuánto tiene el organismo para firmar al final.

Y queda la cuestión de fondo: la base legal. En junio de 2026, los tribunales de apelación dudaron del uso de un decreto para reformar el régimen de naturalización en los casos Volosh y Yang Liping. El asunto ya llegó a la Corte Suprema. Puede que las ciudadanías ya entregadas aguanten, pero un fallo o un cambio legislativo dejaría a los agentes con una cartera de clientes que ya no puede avanzar.

El bono tampoco cierra las cuentas. Con un plazo de siete años sin intereses y un rendimiento de referencia del 10,7%, financiar los 800.000 dólares costaría unos 407.000, más caro que el aporte de 350.000. Bajando el plazo a cuatro años, el costo rondaría los 270.000. Para una familia de tres, el aporte ya son 475.000 antes de gastos extra.

Todo esto tiene un aire a liquidación de temporada, y no sorprende a nadie que haya visto cómo los países rematan la residencia cuando se les seca la caja. Argentina tiene una ventaja real: entra en un mercado donde los agentes andan desesperados por un producto nuevo. Si los trámites se estiran o las comisiones siguen sin definirse, esos mismos agentes moverán sus equipos a otro país sin pensarlo dos veces. Un pasaporte sin reglas claras es solo un folleto.