Francia te quiere cobrar por irte
La comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional francesa aprobó extender el impuesto de salida a las criptomonedas que superen los 800.000 euros. La enmienda la firmó el diputado comunista Nicolas Sansu junto a dieciséis colegas del grupo Izquierda Demócrata y Republicana. El texto mete un nuevo artículo 167 ter en el Código General de Impuestos: si te vas de Francia con bitcoin en el bolsillo, el Estado quiere su parte antes de que cierres la puerta.
El impuesto de salida no es nuevo. Francia ya lo aplica a las acciones de empresas que cotizan en bolsa cuando el contribuyente traslada su domicilio fiscal fuera del país. Lo que se propone ahora es meter las criptomonedas en el mismo cajón, con un umbral de 800.000 euros. Dicho de otro modo: el Estado te deja hacer dinero siempre que no intentes irte con él.
Conviene fijarse en la lógica de fondo. Si te quedas, pagas. Si te vas, pagas también, porque el fisco considera que la plusvalía es suya aunque tú no hayas vendido nada. El resultado es un impuesto sobre una ganancia que existe en una pantalla y que nadie ha cobrado todavía. Puedes acabar debiéndole a Hacienda una fortuna que nunca llegaste a tener en efectivo.
Los que aprueban estas cosas siempre hablan de justicia fiscal. Pero la justicia fiscal que consiste en perseguir a quien se marcha tiene un nombre más sencillo: argolla. El que tiene dinero de verdad se pira a Suiza o a Dubái y no se entera de nada. El que se queda es el que paga, que es exactamente lo contrario de lo que prometen.
La enmienda aprobada en comisión todavía no es ley, pero la dirección está clara. Cuando un gobierno no sabe de dónde recaudar, siempre encuentra una víctima nueva. Esta vez le tocó al que ahorra en cripto. Mañana le toca al que tenga algo que valga la pena.

