Un tornado y Santiago se queda sin luz
22.000 hogares sin electricidad y alerta roja sobre toda la Región Metropolitana. Eso dejó el temporal que golpeó Santiago de Chile el martes 13 de octubre, con lluvia intensa, granizo, descargas eléctricas y ráfagas que la Dirección Meteorológica atribuye a un posible tornado categoría EF-0, el más débil de la escala Fujita. Los vientos estimados, entre 105 y 137 kilómetros por hora, alcanzaron para arrancar techos, quebrar ramas e inundar estacionamientos subterráneos.
El episodio más llamativo ocurrió en la comuna de Estación Central, donde las ráfagas levantaron planchas de techos y desplazaron objetos cerca del Terminal Sur de buses. Meteorología habla de un fenómeno inédito en la capital chilena desde finales del siglo XIX. El Metro operó con dificultades y el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres decretó alerta roja para movilizar recursos y coordinar a los organismos de emergencia.
Hay algo más que clima en la escena. Una capital de siete millones de habitantes, con la infraestructura que se supone moderna, se cae a pedazos con un tornado de categoría mínima y una tarde de granizo en plena primavera. Si el evento más débil de la escala alcanza para dejar a decenas de miles sin luz y con los techos volando, conviene preguntarse qué pasaría con uno de verdad.
El geógrafo y climatólogo Alejandro Vial le puso nombre al culpable con una frase que vale más que cualquier comunicado oficial: “esto es consecuencia de este niño malcriado que tenemos”. Se refería al fenómeno de El Niño. Se puede discutir el diagnóstico, pero el fondo es difícil de rebatir. Hay catástrofes que el Estado no previene ni mitiga, solo las administra después, con la cámara encendida.
Al final queda la lección de siempre. Cuando el clima aprieta, el ciudadano común descubre a las malas que su techo, su auto y su electricidad dependen de un sistema que reacciona tarde y cobra temprano. Y ningún plan de emergencia le devuelve las planchas que volaron.

