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Nothing vende altavoces con forma de tetrabrik

59 dólares por el pequeño y 109 por el grande. CMF, la marca barata de Nothing, acaba de sacar sus primeros altavoces portátiles y los ha diseñado con forma de tetrabrik de leche. Naranja, turquesa y blanco. Muy monos. Ahí se acaba la revolución.

Que una empresa de hardware gaste su energía creativa en que el altavoz parezca un envase de leche dice bastante de la industria. Ya no se compite por sonar mejor, se compite por caber en una foto de escritorio. Los aparatos son buenos para el precio, eso hay que reconocerlo: Bluetooth 6.0, resistencia al agua y al polvo IP68, hasta 18 horas de batería y la opción de emparejar dos unidades. El modelo grande incluso lleva un woofer de 25 vatios. Por 109 dólares, está bien.

Lo revelador es lo demás. CMF promete publicar los archivos de diseño para que la gente se imprima en 3D sus propias asas y accesorios, siguiendo la vieja costumbre de Teenage Engineering. Es la nueva forma de vender: no te vendo un aparato, te vendo un juguete personalizable para que lo enseñes en redes. El consumidor no compra música, compra pertenencia.

Nada de esto es un crimen. Son altavoces decentes a un precio razonable y hay quien quiere algo bonito en la cocina. Pero conviene llamarlo por su nombre. Cuando la innovación se reduce a la carcasa, lo que se vende no es tecnología, es estética. Y la estética, a diferencia del sonido, no se puede medir.

El día que un altavoz suene el doble de bien por el doble de precio, avisen. Mientras tanto, seguiremos pagando por el dibujo del envase.