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Washington le pone precio a la soberanía chilena

El embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, convirtió el estrecho de Magallanes en moneda de cambio. En un evento del Día del Comercio Global dijo que si Chile quiere un país que ayude a proteger sus derechos sobre el paso, entonces tendrá que trabajar con Washington en los temas que a Washington le importan. Traducido: la soberanía se defiende, pero nunca gratis.

La respuesta de Santiago no se hizo esperar. El canciller Francisco Pérez Mackenna le recordó al diplomático que Chile defiende su soberanía solo, como lleva haciéndolo 200 años, y que el estrecho de Magallanes fue, es y será siempre chileno. La Cancillería estudia incluso una nota de protesta, un gesto poco común entre dos países que Washington quiere presentar como aliados del mismo bando.

Judd calificó la polémica de “drama” y de teleserie mal interpretada. Dijo que sus palabras fueron sacadas de contexto y que en ningún momento condicionó la soberanía chilena. Pero las palabras quedaron grabadas y el contexto no las salva: puso la protección del estrecho sobre la mesa como algo negociable.

El episodio no cae en el aire. Chile acaba de entrar al Escudo de las Américas, la coalición que Trump promueve para combatir el crimen organizado, y hace poco el mismo embajador ya había sido citado por afirmar que su país tenía informes sobre vínculos de la izquierda con el estallido de 2019. A finales de agosto Chile también protestó ante Argentina por declaraciones parecidas. Cuando el paso más estratégico del hemisferio sur empieza a usarse como palanca, la amistad se parece bastante a un contrato con letra chica.