El Nobel elige bando en Gaza
El Comité Nobel noruego le entregó el premio de la Paz 2026 a Navanethem Pillay, la jueza sudafricana que presidió la comisión de la ONU que acusó a Israel de genocidio en Gaza. No es un premio a un mediador ni a un pacificador. Es un galardón que toma partido en el conflicto más caliente del planeta, y el comité lo sabe.
Pillay, de 85 años, tiene el currículum soñado para los gustos de la ONU. Fue abogada contra el apartheid, la primera mujer negra en la Corte Suprema de su país, jueza del tribunal para Ruanda, del Tribunal Penal Internacional y hoy del tribunal de La Haya que juzga a Myanmar por genocidio. El comité justificó el premio diciendo que el derecho internacional está bajo ataque y que sus jueces necesitan gente valiente que lo defienda.
El mensaje es transparente. El comité quiere proteger a los tribunales internacionales y, de paso, respaldar la tesis de que Israel está cometiendo genocidio. La propia galardonada entendió el tono y bromeó al enterarse: si le aplauden un poquito más, quizás comparta el premio con Trump. Buena salida para un momento incomodísimo.
Lo que el Nobel no va a reconocer es la parte que no le conviene. Los mismos tribunales que ahora se presentan como última muralla de la civilización llevan décadas juzgando a los perdedores y esquivando a los vencedores. Ningún presidente occidental que bombardeó civiles en Irak, Libia o Yemen terminó sentado en ese banquillo. La ley internacional es selectiva, y un premio de la Paz no la vuelve ciega.

