Libertad

San Marino rebaja el peaje para vivir sin impuestos

7% de impuestos, un piso y un empleado local. Eso es casi todo lo que pide San Marino para darte residencia, y esta vez lo dejó escrito. El Consejo Grande y General ratificó el decreto delegado 115 de 2026 el 23 de septiembre y aflojó la parte que más dolía.

Antes, el empresario que quería instalarse tenía que contratar sí o sí a un ciudadano sammarinense y aguantar la presión de sumar un segundo empleado en tres años. Ahora basta con contratar a cualquier residente del país, lo que deja respirar a las consultoras pequeñas y a los negocios de software que nunca necesitaron una plantilla grande. La residencia se extiende al cónyuge, a los hijos dependientes hasta los 25 años y a los hijos con discapacidad.

El impuesto sustitutivo se queda en el 7% de los ingresos extranjeros, con un mínimo de 10.000 euros y un techo de 100.000 al año. El decreto metió además una precisión que a muchos se les había pasado por alto: ese 7% se paga igual aunque un convenio de doble imposición diga que aquí ese dinero no tributa. El Estado no se casa con nadie.

La letra pequeña sigue siendo la de siempre. Hay que dejar un depósito en garantía de 75.000 euros que sube a 150.000 en dos años, controlar al menos el 51% de una empresa sammarinense y aguantar una década sin un solo beneficio público. Y el país pone un cupo: 50 nuevas residencias económicas por año, ni una más.

San Marino no vende un paraíso fiscal, vende una puerta estrecha con el cartel bien claro. El que quiera colarse a vivir del cuento se topará con el cupo y con el depósito. Los demás, a pagar el 7% y a sonreír.