2.916 botellas de contrabando y cero detenidos
2.916 botellas de licor y ni un solo detenido. Ese es el balance del operativo que las autoridades de Costa Rica montaron en el río Sixaola, la frontera natural con Panamá. La lancha apareció cargada hasta el borde, la tripulación se tiró al agua y se fue nadando al otro lado.
Los agentes patrullaban el sector de Talamanca, en la provincia de Limón, cuando vieron el bote acercarse a la orilla. Les ordenaron detenerse para inspeccionar y ahí se acabó el trabajo: los ocupantes prefirieron el río a la cárcel. La embarcación quedó a la deriva y los funcionarios la tomaron sin resistencia.
Adentro había casi tres mil unidades de alcohol de todo tipo, sin controles sanitarios ni impuestos pagados. La valoración oficial habla de entre cuatro y cinco millones de colones, unos 8.700 a 10.900 dólares. La Policía de Control Fiscal se llevó todo a una bodega de Aduanas y ahí sigue bajo custodia, esperando un procedimiento que probablemente se alargue.
El punto es obvio y casi nadie lo dice en voz alta. Ese licor no entró a Costa Rica por el contrabando, entró por el precio. Cuando los impuestos convierten una botella en un artículo de lujo, siempre habrá un río, un bote y alguien dispuesto a mojarse por la diferencia.

