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No tires tu cámara vieja, te vale de webcam

Las ventas de cámaras compactas subieron un 29,6% en 2025, hasta 2,44 millones de unidades. La asociación japonesa del sector espera otro 13,6% más este año. El retro volvió, y con él una idea que muchos ignoran: la cámara vieja que tienes en un cajón puede convertirse en la mejor webcam de tu casa.

No es nostalgia barata. Una réflex o una mirrorless antigua le da a tus videollamadas algo que ninguna webcam de portátil consigue: mejor comportamiento con poca luz, control real del encuadre y ese desenfoque de fondo que el software del portátil intenta imitar sin lograrlo. El truco está en averiguar si la tuya sirve sin convertir una mejora gratis en un proyecto caro.

Empieza por el USB. Canon mantiene soporte para la EOS 6D y la Rebel T6, Nikon para la D5300 y la D750 con su Webcam Utility, y Sony para la A5100, la A7 II y la RX100 IV con Imaging Edge Webcam. Si tu modelo aparece en la lista del fabricante, instalas su programa, enchufas un cable de datos, la pones en modo vídeo y la seleccionas en Zoom, Meet o Teams. Puede que ya tengas todo lo necesario.

Ojo con dos detalles que casi nadie menciona. Nikon y Sony no envían el audio de la cámara al ordenador, así que usarás el micro del portátil. Y el live view se come la batería, así que para reuniones largas conviene la alimentación externa.

Si no hay soporte USB, queda el HDMI limpio. Suena bien hasta que ves la factura: el Cam Link 4K de Elgato cuesta 99,99 dólares, sin contar cable, soporte ni batería falsa. Una Anker PowerConf C200 de 60 dólares hace el trabajo con micro incluido y sin complicaciones. Antes de gastar, mira cuánto vale tu cámara usada: una Canon PowerShot S95 que se compró por 130 dólares en 2023 se vendía por más de 400 en 2026.

Ahí está la moraleja que no te van a contar en la tienda. Te empujan a comprar la webcam nueva cada dos años mientras en tu armario tienes un aparato que da mejor imagen. Revisa lo que ya tienes antes de que alguien te venda otra vez lo mismo.