Un aguacate mata a un bebé y el municipio poda
Lucas Gómez tenía 12 días de vida. Un aguacate se desprendió de un árbol a varios metros de altura y le destrozó el cráneo mientras estaba en brazos de su madre. No salió del hospital.
El hecho ocurrió el 22 de octubre en el centro de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires. Giuliana Gómez, de 30 años, esperaba la salida de su hijo mayor de cinco en la puerta del Jardín de Infantes N.º 949, en la calle Conesa entre Mitre y Sarmiento, con el bebé en brazos. La fruta cayó desde lo alto y el golpe le provocó múltiples fracturas en el cráneo, que en un recién nacido todavía no está soldado. Lo trasladaron al Sanatorio de la Trinidad de Quilmes, lo operaron y aguantó unos días. Murió el domingo.
Después vino lo de siempre. Personal del municipio podó las ramas de los árboles frente a la escuela una vez que ya había un muerto. Los vecinos aseguran que llevaban años reclamando por el estado de ese arbolado y que nadie movió un dedo. La causa la lleva la Unidad Fiscal N.º 9 de Quilmes, que arrancó como lesiones culposas y terminó recaratulada como homicidio culposo.
El mismo domingo, en San Marcos Sierras, provincia de Córdoba, un niño de tres años apareció sin vida en la pileta de una casa y los médicos no pudieron reanimarlo. La Sociedad Argentina de Pediatría advirtió el año pasado que en el país muere un menor de cinco años ahogado cada siete días. Son dos formas distintas de decir lo mismo: el Estado llega tarde casi siempre.
Un árbol avisa durante años antes de matar. Una pileta avisa en segundos. En los dos casos el que tenía que mirar estaba ocupado en otra cosa, y la podadora apareció cuando ya no servía de nada. El municipio llegó a podar el árbol. Llegó un domingo tarde.

