Latam

Brasil hereda un país roto y dos recetas opuestas

Quien gane las elecciones brasileñas de este domingo recibirá un país partido en dos, un Congreso inclinado a la derecha y una economía que crece con un déficit fiscal que asusta. Eso lo admite cualquier analista serio. Lo llamativo es que las prioridades de campaña de Lula y de Flávio Bolsonaro parezcan otra cosa.

La primera vuelta ya dejó pistas. Flávio Bolsonaro llegó adelante con el 47,03% frente al 45,16% de Lula, y su Partido Liberal se llevó la mayor bancada de ambas cámaras: 121 diputados y 28 senadores a partir de 2027. Con esos números, el PL tiene las llaves de lo que venga. El periodista y consultor Thomas Traumann lo dice claro: el partido comandará un juicio político contra algún magistrado del Supremo, gane quien gane. Si gana Lula, bloqueará todas las iniciativas del gobierno; si gana Flávio, empujará la agenda de confrontación con el Poder Judicial.

Según el centro de estudios Ranking dos Políticos, 54 de los 81 senadores ya se mostraron dispuestos a abrir ese proceso, justo los dos tercios que hacen falta. Flávio, por su parte, promete reformar la Constitución no solo para limitar el poder del Tribunal Supremo y frenar la inhabilitación de su padre, sino para prohibir la reelección presidencial, estirar el mandato a cinco años y bajar la edad penal a los 16.

En lo económico las recetas no pueden ser más distintas. Lula apuesta por el desarrollismo clásico: inversión pública para empujar el crecimiento y una recaudación que sostenga las políticas sociales, el corazón de su plan. Bolsonaro propone un tijeretazo de unos 40.000 millones de dólares en gasto público, el 3% del presupuesto de 2026, y jura que el ajuste no tocará los programas sociales. En seguridad, Lula impulsa una reforma constitucional que da más poder al gobierno federal contra el crimen, mientras que Flávio promete mano dura al estilo Bukele.

La política exterior también está en juego. Si gana la derecha, el multilateralismo brasileño de siempre puede quebrarse. Lula mantendría su distancia con Washington y su cercanía con China; Bolsonaro viraría hacia una alineación con la administración de Trump, aunque eso reduzca la influencia de Brasil en la región. Las encuestas no despejan nada: la última de Quaest da 45% a Flávio y 44% a Lula, empate técnico, con el rechazo a Lula cayendo más rápido que el de su rival. Y el miedo pesa: el 43% de los electores teme el regreso de los Bolsonaro y otro 43% teme la reelección de Lula.

La moraleja es la de siempre en la región. Brasil no elige entre dos proyectos para el país, elige entre dos grupos de élites que llevan años discutiendo entre ellas mientras el ciudadano de a pie pone la cara. El domingo se sabrá quién gana. La calidad democrática del desenlace dependerá de lo que hagan los dos perdedores después.