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El dongle de 40 dólares que humilla al concesionario

Entre 30 y 50 dólares. Eso es lo que cuesta un adaptador que convierte el CarPlay con cable de tu coche en inalámbrico, sin pasar por el taller ni comprar un coche nuevo. El aparato se enchufa en el puerto USB y hace de puente entre el sistema del vehículo y el iPhone. Nada más.

La letra pequeña existe, y conviene leerla antes de pagar. El adaptador solo sirve si tu coche ya trae CarPlay de fábrica, porque lo único que hace es quitar el cable. Si el vehículo no tiene ese sistema, ningún dongle lo va a inventar: para eso necesitas una pantalla portátil aparte.

El resto es sentido común de comprador. Fíjate en el puerto, porque los coches viejos llevan USB-A y los nuevos USB-C, y no vas a acabar comprando un adaptador de adaptador. Mira que soporte al menos Bluetooth 5.0 y Wi-Fi de 5 GHz, que es lo que evita los cortes. Y comprueba que la marca publique actualizaciones, porque cuando Apple saca una versión nueva de iOS los aparatos abandonados dejan de funcionar.

Hay dos funciones que la gente da por hechas y no lo están. La reconexión automática, que evita emparejar el teléfono cada vez que arrancas, y la compatibilidad con los mandos del volante y con Siri. Los modelos baratos presumen de precio y esconden ahí el recorte.

Lo llamativo no es el aparato. Lo llamativo es que una caja de 40 dólares haga lo que la industria del automóvil te quería vender como equipamiento premium. El concesionario te cobra el paquete conectado, el fabricante te obliga a pasar por caja y luego resulta que la solución estaba en un dongle de una tienda china. Cuando algo así funciona, es que el precio del coche nunca tuvo nada que ver con la tecnología.