Libertad

Europa abre la puerta por 708 euros

708 euros al mes. Ese es el suelo de ingresos que Italia pide para un visado de trabajo autónomo, el más bajo de Europa occidental, según el repaso que publica IMI Daily. Mientras las visas de nómada digital se convirtieron en un club para ricos, los permisos antiguos de autoempleo siguen anclados al salario mínimo del país.

El contraste es obsceno. España exige 2.849 euros mensuales para su visa de nómada, Portugal 3.680 y Grecia, Malta y Chipre rondan los 3.500. Un freelance que factura 2.000 euros no entra por esa puerta en casi ninguna capital europea. La etiqueta decía nómada, pero el filtro era de renta.

Italia pide 8.500 euros anuales de ingresos legales, demostrables en el país de origen, y acepta el visado sin aval bancario ni póliza. El problema no es el dinero, es la cuota: el decreto de flujos reservó 650 plazas para trabajadores independientes en 2026 de un total de 181.450. Se agotan en minutos el día del clic.

Portugal juega a otra cosa con el D2. El test es el salario mínimo, 920 euros desde enero, con un 50% más por cónyuge y un 30% por hijo, y los consulados quieren ver doce meses en una cuenta portuguesa, unos 11.040 euros para un soltero. A cambio te piden un plan de negocio que se sostenga, porque la vaguedad es el motivo principal de rechazo.

Alemania no pone cifra en la ley y deja que cada oficina de extranjería invente la suya. Berlín pide previsión de ingresos, dos cartas de intención de clientes y que las tarifas cubran alquiler, seguro y vida, además de descontar un 10% de la facturación bruta. Francia se limita a exigir el SMIC, 1.867 euros brutos desde junio.

La parte que los folletos esconden es la factura fiscal. Estos permisos implican darte de alta, cotizar y convertirte en residente fiscal con tributación mundial. La visa de nómada te vendía el paraíso sin residencia; el permiso de autoempleo te entrega la residencia y te pasa la cuenta. Europa ya no regala la puerta, solo la financia a plazos.