Cuba paga cinco dólares por una vida entera
Adultos mayores que dedicaron su vida entera a la Revolución cobran pensiones de entre 5 y 7 dólares al mes. Lo cuenta El Tiempo desde La Habana y no es una metáfora ni una cifra redondeada: es lo que aparece en la libreta. Gente que trabajó cuarenta años para el Estado recibe lo que cuesta un café en cualquier otra capital.
Amparo Coroneaux vive en un cuarto de dos por tres metros, entre muebles gastados por el tiempo y rotos por la resistencia. Su ventilador de tres aspas lleva más de treinta horas parado, y con los apagones de La Habana eso significa vivir sin aire en un país donde el calor no perdona. Come lo que le dan los comedores de las iglesias, porque la pensión no alcanza ni para empezar la semana.
La crisis energética se lleva por delante todo lo demás. En la capital hay cortes de más de veinte horas diarias, los generadores que queman diésel y fueloil no dan abasto y la gente hace colas eternas para cobrar una pensión de cuatro euros. Sin luz no hay nevera, sin nevera no hay comida que aguante, y sin efectivo no se compra nada en un mercado que funciona a base de divisas que los jubilados no tienen.
El discurso oficial sigue hablando de bloqueo y de resistencia. Los viejos que sostuvieron el sistema durante medio siglo son los primeros que se apagan con él, sin protestar y sin que nadie les devuelva una sola jornada. Una revolución que prometió cuidar a sus hijos termina mandándolos a comer en la parroquia.

