Musk vende como magia un misil de 2004
Tesla presentó el 15 de octubre un Roadster que da saltos y vueltas en el aire y lo vendió como el futuro del automóvil. La realidad es más aburrida: el truco se llama empuje por gas comprimido y el Pentágono lleva dos décadas usándolo para otra cosa.
El coche lleva dos depósitos de aire a alta presión y diez boquillas repartidas por la carrocería que disparan aire comprimido para moverlo y estabilizarlo. Los saltos y las piruetas los consigue cayendo con estilo, no volando. Y el sistema completo solo viene en la versión Rocket: la Thruster lo trae a medias y la Performance no lo tiene en absoluto. Tesla avisa en su propia letra pequeña que los propulsores “no están aprobados para uso en vía pública”.
Lockheed Martin construyó algo muy parecido en 2004, cuando ganó un contrato de 760 millones de dólares de la Agencia de Defensa de Misiles para fabricar “el primer sistema capaz de destruir varios misiles balísticos y señuelos con un solo lanzamiento”. El proyecto se llamaba Multiple Kill Vehicle y usaba exactamente la misma idea: varios vehículos pequeños que se mueven con propulsores para embestir misiles en pleno vuelo. Lo retiraron en 2009 por recortes de presupuesto, no porque dejara de funcionar.
La diferencia entre los dos inventos, aparte del uso previsto, es quién paga. El misil lo pagamos entre todos para defender el país. El coche que hace piruetas lo paga el que pueda reservarlo, y hablamos de 250.000 dólares solo para apartarlo. Musk no ha inventado nada: ha cogido una tecnología militar de hace veinte años, le ha quitado el misil y le ha puesto una matrícula que no vale para circular.
La próxima vez que alguien te venda un salto al futuro, mira la fecha de la patente. Casi siempre ese futuro ya pasó por un despacho del Pentágono y salió con factura.

