Tesla cobra 250.000 dólares por el truco
250.000 dólares. Eso es lo que pide Tesla para reservar la versión del nuevo Roadster capaz de pegarse a una rampa, colgar boca abajo y saltar por los aires. El resto del espectáculo, con el coche brincando sobre otros vehículos y dando una voltereta antes de posarse en el suelo, lo vimos todos en un vídeo de dos minutos.
La reserva arranca en 5.000 dólares, con 45.000 más que vencen en diez días si uno se conforma con el modelo básico. La versión con los propulsores de gas frío que hacen posible el número de la rampa se va a un cuarto de millón, y la que además despega y se queda flotando no está en venta: se entrega solo por invitación. Tesla no vende un deportivo, vende una entrada al show.
Los propulsores vienen prestados de SpaceX, aclara la empresa, porque al parecer la línea entre cohete y coche ya no significa nada. El Roadster se promete desde hace años y cada vez que se retrasa aparece una acrobacia nueva para que nadie pregunte por las entregas.
Que quede claro: el truco es genuino y tiene su mérito. El problema es el precio de la butaca. Cuando una compañía te cobra 250.000 dólares por un coche que todavía no existe, no estás comprando movilidad, estás financiando el cartel.
Hay algo muy de esta época en todo esto. El político promete y no cumple, el tecnológico promete y te pasa la factura por adelantado. Al menos el Roadster salta de verdad. Los políticos solo hacen la promesa.

