Panamá entierra a su primera víctima y el Estado mira para otro lado
11.500 afectados y 3.390 viviendas dañadas. Ese es el saldo material que deja el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el sureste de Panamá el viernes 9 de octubre, un sismo que hasta este miércoles no había matado a nadie de forma oficial. Ahora ya tiene su primera víctima confirmada.
Elena Barría tenía 68 años y vivía en Macaracas, uno de los pueblos más golpeados. Cuando su casa se derrumbó quedó atrapada bajo los escombros con el abdomen perforado por una viga de hierro. Su hijo y dos vecinos consiguieron sacarla, extraerle la varilla que le atravesaba la barriga y llevarla en el coche de un hermano hasta un hospital. La mujer rogaba “ay, sáqueme, sáqueme”.
La operaron con éxito y parecía que salvaba el susto. El miércoles por la tarde, la Caja de Seguro Social confirmó su muerte en un breve comunicado. Su familia contó a Efe que falleció de un infarto natural, después de la cirugía, complicada por una diabetes severa y una pierna amputada años atrás. El presidente José Raúl Mulino lo atribuyó a los traumas sumados a su condición previa.
El Estado tuvo palabras bonitas y condolencias. Lo que no tuvo fue una respuesta a tiempo. Los familiares denuncian demoras médicas en la atención a una mujer que llegó al hospital con una perforación abdominal y una enfermedad de base. Un terremoto dura treinta segundos; las consecuencias de no atender bien a los heridos duran para siempre.
Panamá presume de ser el centro logístico de América, el país del canal y de las grúas, un sitio donde el dinero se mueve más rápido que en casi cualquier parte del continente. El sismo dejó 11.500 personas afectadas y cerca de una treintena de heridos, y esa maquinaria eficiente no evitó que una señora de un pueblo perdido muriera por complicaciones de un derrumbe.
Hay algo obsceno en cómo se cuentan estas tragedias. “Primera víctima oficial” suena a trámite administrativo, como si las demás no contaran hasta que un funcionario firma un papel. La realidad es que en Macaracas hubo sufrimiento mientras la burocracia buscaba la manera de clasificarlo.

