El barco más viejo del mundo no tenía aduanas
Entre 4.400 y 4.700 años de antigüedad tiene el pecio más viejo jamás encontrado. Arqueólogos turcos lo ubicaron cerca de la isla de Kekova, en la costa de Antalya, y lo anunciaron esta semana. La madera del casco no sobrevivió al paso del tiempo, pero del fondo rescataron ánforas de cerámica que servían para transportar aceite de oliva o vino, y que el análisis de la arcilla sitúa en el valle del Jordán.
Para dimensionar la fecha basta un dato: las vasijas se habrían fabricado más o menos cuando se construía la Gran Pirámide de Giza, hace unos 4.580 años. Ejemplares parecidos aparecieron junto a las pirámides de Giza, Saqqara y Abusir, en Troya y en Creta, señales de una red marítima que ya conectaba el Levante con el Egeo mucho antes de que existiera cualquiera de los reinos que hoy estudiamos en la escuela.
Los investigadores creen que la nave había zarpado de algún puerto de la costa levantina rumbo a Troya o Creta cuando se hundió. Entre el material recuperado hay un ánfora con nueve marcas y dos agujeros en el cuerpo que, según los expertos, podría haber servido para batir y fabricar queso o manteca. La deducción es deliciosa: los marineros llevaban cabras a bordo para hacerse sus propios lácteos en plena travesía.
La excavación la dirigió el profesor asociado Hakan Oniz bajo la dirección del Museo de Antalya, con permiso del Ministerio de Cultura y Turismo, y el estudio salió publicado en el Journal of Maritime Archaeology. El ministro Mehmet Ersoy lo celebró con una frase de manual: “estamos descubriendo las huellas del pecio más antiguo del mundo en nuestra patria azul”.
Más allá del titular arqueológico, el hallazgo dice algo incómodo para los que adoran las fronteras. Hace casi cinco milenios ya había gente cruzando el mar con mercadería, ganado y ánforas de aceite, sin pasaportes, sin aranceles y sin ninguna aduana que le pidiera permiso. El comercio es más viejo que los Estados que hoy pretenden regularlo, y sobrevivió a todos ellos.

