Mundo

Alemania juzga el sabotaje que no quería investigar

Serhii Kuznietsov, exoficial de 50 años, se sentó este miércoles en el banquillo de Hamburgo acusado de dirigir el sabotaje del Nord Stream, las explosiones del 26 de septiembre de 2022 que reventaron tres de las cuatro tuberías que llevaban gas ruso a Alemania. Su abogado sostiene que sigue siendo militar en activo de Ucrania y pide que se anulen los cargos. Solo él está siendo juzgado, aunque otro de los buzos señalados lucha contra la extradición desde Croacia.

La versión de los fiscales alemanes parece un guion de cine. Una embarcación alquilada en Rostock con documentación falsa, cinco hombres y una mujer a bordo, cuatro bombas con temporizador colocadas cerca de la isla danesa de Bornholm, explosivos de grado militar para partir acero recubierto de hormigón a cien metros bajo el mar. La tesis oficial es que se trataba de desconectar definitivamente el gas ruso y cortarle los ingresos a Moscú.

El problema no es el relato, es quién lo cuenta. Alemania se pasa la vida vendiendo que Ucrania es la víctima y la OTAN la defensora del orden internacional, y ahora tiene que juzgar a un ucraniano por volar una infraestructura civil. Los cargos incluyen ser cómplice de crímenes de guerra por atacar infraestructura civil, esa misma expresión que en Bruselas se reserva solo para los enemigos del club. Cuando el sospechoso apunta hacia tu aliado, de repente el vocabulario se vuelve incómodo.

Zelenski ya había negado que el ejército ucraniano estuviera detrás del asunto, y los rusos dijeron desde el principio que ellos no iban a destrozar su propia obra y que ahí había manos occidentales. Cuatro años después nadie ha explicado del todo quién ordenó qué, y el telón se levanta en una sala de Hamburgo mientras el gasoducto sigue hundido en el Báltico.

Alemania lleva desde 2022 enviando armas a Kiev mientras calla lo que sus propios tribunales van a discutir. Pasará el juicio, se dictará la sentencia y la factura energética de los alemanes seguirá por las nubes. El que paga el Báltico siempre es el mismo.